
Sangra el corazón de la Tierra
por esas grietas armadas de sin razón,
mutilan la voz y el dolor nos habla
con la palabra muda del estupor.
Parte lo indivisible en un segundo,
abriéndose al mundo la injusta pobreza,
reza la seca esperanza coagular el pulso
para endurecer el impulso de la supervivencia.
Mata el derroque que desde el hondo
nos ha abierto los ojos a la realidad,
con la necesidad de unirnos todos
y compartir unos sorbos de solidaridad.
Gime el espanto de adrento hacia afuera,
abierta la tierra donde pisaban los sueños,
muertos los besos sin ninguna clemencia,
la vida sequeda atrapada en su suelo.
Esencia








