
Los ojos hablan cuando en verdad se miran,
si respiran el aire del mismo cerco,
y el corazón atento atenta para que digan
la verdad más sentida y el sentimiento más directo.
Hay un solo dialecto cuando dos personas se aman,
emociones que se tallan siempre hacia adentro,
complicidades sin ruego que espontáneas danzan
salvando las distancias apretándose en el pecho.
Es un idioma tan enigmático como claro,
un faro entre nieblas y solvencias de sol,
un palpitar de dos apretándose las manos
y ese ser reflejados que llamamos tú y yo.
Amarse es expresar hasta hacer imprescindible
el comunicar sin decirse y decir sin preguntar,
un idioma a la par que se hace indestructible
cuando todo ese combustible se da sin reclamar.
Esencia.








