

El cielo nos acribilla a lágrimas,
su triste rabia desmenuza hogares,
a nado salen las pobres ánimas
de esta sátira que nos invade.
El cielo se nos rompe y gruñe,
frunciendo a las nubes el gesto,
socavando el suelo de lodo y mugre
con la deuda impune del aguacero.
El cielo arrasa sobre la tierra,
diana y piedra sobre lo humano,
hogar inundado, alma en grietas,
la impotencia aprieta sus presagios.
El cielo habla con voz de charco,
y no hay abrazo que ocupe el dolor,
seco el corazón de mojarse tanto
ante un espanto que no ve el sol.
Esencia













